Los Khasi’s

Agosto 2016

Suenan las campanas de la Iglesia de Tyrna.

Cuando llegué a Mawshamok, y pude ver en la distancia Tyrna y su iglesia coronadora, supe instantáneamente que aquella iglesia era un verdadero mirador hacia los quebrados valles verdes de estas montañas, y una vez en su pueblo recorrí todos los recovecos, deliciosos, antes de subir a dicha iglesia, en lo más alto: como siempre, dejando lo mejor para el final.

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Allí encontré a aquel muchacho khasi que contempló en silencio conmigo durante una hora, tras barrer y limpiar la iglesia, las increíbles vistas que aquel enclave, la peligrosa esquina trasera de la construcción, ofrecía: las mejores.

Me dijo que tocaría las campanas a las 18.30 y ahora, en otra aldea más baja llamada Lumsohphie, donde dormiré con una familia que ahora cocina al fuego nuestra cena, las oigo venir de arriba, ‘daaaang’, con un pequeño retardo sonoro, comparado con el que deben experimentar otras aldeas lejanas de estos valles, si es que las oyen, pues existe un rumor constante siempre alrededor por las incontables e intensas cataratas que caen desde los cielos, laaaaargas, pues el lugar se encuentra rodeado de parades verdes o rocosas que dejan caer sus aguas al interior.

A vista general pareciera que hay tan solo 3 o 4 aldeas en las montañas; recorriendo, veo que existen más y más, cada una más divina, y decenas de senderos con piedras y escalones, muy muy empinados, con puentes naturales y artificiales aquí y allá, las unen a todas.


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Bailando con devotos

31 Julio 2016

Estoy bailando con devotos.

Es la última mañana en el templo de Guwahati, donde he seguido disfrutando de los encantos del movimiento Krishna Consciousness unos días. Me he levantado con ellos, para la primera adoración a Krishna a las 4.30am.

Nuestros bailes son simples pero preciosos. Giramos avanzando y retrocediendo unos pasitos hacia Krishna; en cada vez, nuestros brazos elevados giran al ritmo. Vistos desde fuera son aún más bellos, lo sé: todos puros y vestidos de blanco, duchados. Yo no dispongo del atuendo, soy la oveja negra, en la ropa pero también en la pureza de mi mente.

Si algo me ha impresionado de la fé y devoción religiosas en India, ha sido esa pureza de estos devotos Vaishnavas. En ningún lugar del mundo he visto personas como aquel niño de la primera mañana en el templo principal de Mayapur -cuando lloré, sí-, que con unos 8 o 9 años corría feliz por el templo ejecutando tareas como los adultos, entregado y seguro, magnífica visión. O las personas que entran al templo por la mañana y se les cambia la cara, se llenan de alegría a cada paso, arrojan todo lo que llevan al suelo y se tiran en plancha sobre el mármol, anestesiados por la Grandeza, por la Presencia incorruptible y obvia de Él en sus corazones.

Una mujer rusa -hay muchos rusos en Mayapur- entró una vez y su lenguaje corporal era una poesía: como si acabase de reencontrarse con su hijo tras años: tal es la intensidad para ellos. ¿Qué mosca les ha picado a estas personas? ¿Cómo han conseguido ser tan felices y satisfechos, sólo con su vida espiritual? Es tan intrigante que me despierta una pequeña envidia sana y me invita a indagar.

La pureza de esa confianza es científica, es inquebrantable y un ejemplo visible de que lo que los krishnas han conseguido hacer con sus estudiantes no lo ha conseguido otra religión que yo conozca hasta ahora. La limpieza y la pureza en sus ojos ya la quisiéramos muchos buscadores de verdades. Yo me siento contaminado cuando los veo; a veces susurran cosas ante mí y mi retorcida mente me hace pensar que critican mi ignorancia en los procedimientos, mis errores, o tal vez se pregunten con envidia por qué estoy entre ellos sin atuendo o sin haber sido iniciado formalmente por un maestro… entre otros requisitos que no cumplo. ¿Se pensarán que estoy aquí solo por la comida?

No. No existe la envidia en ellos. Sólo hablan entre ellos de cosas cómicas para seguir disfrutando inocentemente de su hermosa pero abstinente vida. No hay envidia ni comentarios. Todos me ayudan como pueden. Uno me ha regalado un colgante sin dudarlo tras solo decirle que me gustaba, y hoy cuelga en mi cuello.

Mi mente devanea y pierdo el ritmo de los pasos.

Pero mis hermanos me succionan en seguida y me sacan de mis impurezas con sonrisas y ánimos:
seguimos bailando, giramos.

El templo de Kamakhia

Julio 2016

[* Los escritos a partir de éste pertenecerán a la categoría 'Inédita', además de a la que corresponda, para indicar que han sido escritos tras la llegada a Casa en Abril 2017, y extraídos de apuntes manuales de los diarios, de ahí su categorización. Al no disponer ya de equipo para escribir o tomar fotos y sonidos en esta altura del viaje, las imágenes y en su caso los sonidos habrán sido prestados por compañeros de viaje o internet. ]

Una vez más, guiado por voces cercanas cuya intención es buena (las de los hare krishnas con los que sigo, esta vez en otro ashram del estado de Assam), he llegado a un templo en Guwahati al que llaman Kamakhia temple. Está en lo alto de los Neelachal Hills, y las vistas durante el ascenso hacia el enorme río Brahmaputra (inundando por las lluvias, uno de los más grandes de Asia, desde los himalayas tibetanos hasta el delta del Ganges) fue sudoroso pero interesante. Adorado entre hindús, el templo es uno de los 51 Shakti Peethas de su mitología y parece tener unos 2000 años. Dedicado a Mata Kamakhya Devi, la leyenda dice que la vagina de la diosa está dentro de la sala principal, en la oscuridad, y es la razón de miles de ofrendas diarias.

Aún con sus buenas intenciones al recomendarme venir, mis compañeros no saben que personas como yo pueden no querer venir a un lugar como éste. Por algunos momentos me ha parecido estar en el infierno! Resulta que aquí se ofrecen contínuamente animales, especialmente cabritas, a la Diosa (también llamada shakti), lo que hace que el lugar sea como un matadero… pero en un templo!!

Cientos de personas hacen una cola de 4 horas ‘gratuita’ o pagan 501 rupias por entrar en el templo en una media horita. La cola discurre como por unas rampas de los caballitos y pasan por una terrible zona de rejas apretaditos todos. Evidentemente lo que hay ahí dentro, y lo que ocurre, no lo voy a ver: sé ya por experiencia que las grandes colas indias de los templos son para una extraña -al menos para mí, aún ajeno a todo- experiencia rápida frente a una imagen de la deidad que no sé adorar bien y que me deja en evidencia frente a un posible sacerdote que podría pedirme algo a cambio de unas bendiciones, sacudidas de plantas en mi espalda, hilos en mi muñeca o un bindi o tilak (el punto rojo en la frente). Esto, sumado a las colas y a que no traigo ningún animal sacrificado para la devi, me deja como espectador exterior, que no es poco.

Pero no hace falta entrar para presenciar la violenta tragedia de pequeños y jóvenes animales inocentes perdiendo su cabeza en un degolladero, gritando hasta el último momento. Entre todas aquellas paredes sangrientas me parecía estar en un lugar infernal; más si añadía los puros momentos de realismo indio entre gente malformada, suciedad, pobres hombres en el suelo con barbas de siglos y mugre de años balbuceando limosnas, los que hacen la cola en esa jaula de rejas rojas y me miran aburridos como si hubieran sido condenados al infierno rojo y hubieran ya aceptado su final, perteneciendo ya al mundo de la sangre y de la muerte. Devotos y monjes también visten de rojo. Y una zona en la que las gentes están oscuramente sentadas contra paredes mugrientas y varias capas de mierda; unos procesan mantras con los ojos cerrados, otros arrastran cabritas para ofrecerlas en un altar antes de matarlas, las etiquetan probando tal gesto mientras, las pobres, comen las flores y guirnaldas que suelen ofrecerse también y se compran junto al templo. Qué contrariedades! Puertas enrejadas que separan ambientes sagrados y mortíferos, todo como lleno de sangre pero sin saber si es sangre, como en todas las esculturas de las paredes y figuras de adoración, donde la gente se postra y añade más rojo intenso, confundiendo pintura, sangre y sentimientos.

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Tal vez es porque hace poco fue el Ambubachi Mela, festival más intenso del lugar, pero durante mi visita no pararon de degollar cabritas, que los devotos traían bajo el brazo o simplemente compraban allí. Gritaban y gritaban las cabras sobre todo cuando los operarios, por llamarles algo, estiraban las patas traseras del animal, levantándolo en el aire, con su cabeza ya encajada en la horquilla que la separaría del cuerpo cuando la cuchilla bajase violentamente. La cabeza rodaba por el suelo y por momentos creí que había sangre en todos los rincones del templo.

Escribo esto en una sala de espera que he encontrado fuera de todo aquello, soy el único aquí, y mi soledad representa el distanciamiento físico y cultural que siento con el mundo que ahora veo.

No los condeno, sí los veo en la inocencia de la ignorancia; pero esta vez no, no participaré de la ignorancia de hacer cosas porque todos las hacen: qué feo impulso del fanatismo.

… ofrecer flores y bailar con los krishnas era mejor…

Llegar a casa

Aún recuerdo muy bien aquella noche de Febrero, la última en el extranjero.

Ya tenía aquella sensación inesperada de estar ya en casa, provocada por el tiempo que llevaba surcando Europa a dedo y reviviendo mi propia cultura, sus sabores y sus aromas, buenos y malos. Estaba en la ‘Dune du Pilat’, en la costa atlántica francesa cercana a Burdeos, y al día siguiente, con suerte, podría entrar en España si me iba bien el autostop. Era consciente de que era mi última acampada en el exterior, en el mundo desconocido, las últimas estrellas y palabras vistas y habladas en otros idiomas. Pronto cruzaría esa frontera con la que había soñado tanto tiempo entre Francia y España.

El caso es que estaba animado a hacer algo especial y el lugar era perfecto para saborear lo que se acababa. Allí, junto a la duna más grande de Europa, había un bosquecillo de pinos en lo alto de las arenas con claros donde acampar y vistas a la puesta de sol en el mar, a unas marismas de arena y a unos faros rojos y blancos en un cabo cercano. Fuego, carpa y hamaca, en la que me tumbé a disfrutar de las nubes que perdían ya colores y del viento ya amainadito junto al fuego nocturno… El fuego…

* * *

El último fuego extranjero – 24 Febrero 2017

El último fuego del extranjero; el último guarreo de estar sucio de varios días acampando por Francia antes de entrar en España. ¿Cuántos fuegos como éste he hecho? ¿Cuántas felicidades, calores, compañías y bienestares me han dado? Lo miro sin pausa. Siempre que he tenido fuego, no me ha faltado nada. Las peores noches, las de frío, viento y niebla, son gentiles si está mi fuego.

¿Qué estoy acabando realmente? ¿Quiero?

Mañana, en España, hablarán español del nuestro, del que me aburría o molestaba cuando lo oía muy lejos, cuanto más lejos, más lo rechazaba, sin saber bien por qué: tal vez el escucharlo me acercaba a algo de lo que había huído, tal vez me sacaba de mi evasión. Ahora será el español que me diga con su sonido que mi largo sueño se ha acabado, que estoy en España. En casa…

HOY, sigo en el extranjero. Hablan otros idiomas, me esfuerzo por hacerme entender en sus lenguas. Hoy es mi último fuego en el extranjero; hoy sigo viviendo yomelargo, pasan las horas y no me importa, podría estar aquí toda la noche, que pasen las horas, en este contexto no importa… es perfecto. ¿Por qué nadie disfruta esto cada día como yo? Pero si es genial.

Mañana recogeré todo esto de nuevo.
Mañana oleré mucho a fuego de nuevo.
Mañana saldré definitivamente del extranjero.
Hoy es un buen día para llorar; pero estoy contento.
Adiós a todos: Gracias.

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El final de yomelargo (por cierto)

Agosto 2016

¿Qué cosas llevan a un hombre a rendirse a una fé incierta? ¿Qué sucesos en su vida, qué límites ha de traspasar para admitir el cambio? ¿Cuánto ha de observar su planeta, a sí mismo y a sus hermanos en él, qué pequeños caracteres de su propia raza le hacen darse cuenta de una verdad absoluta? ¿Cuándo es mayor la necesidad de creer que el apego a los principios que uno tuvo, exactos, limpios, científicos?

¿Qué ciencia religiosa encaja de manera no muy ruidosa con mi nueva vida? ¿Qué me diferencia del hindú, del budista o del ateo, si no es el mero lugar de nacimiento? y entonces, ¿qué es la fé?

Hoy en día, y nadie puede negarlo, nos rendimos a algo: es otra característica humana, necesitamos algo superior que se encargue, tal vez no queremos responsabilidades. A la sociedad, al estado, al rey, al gobierno, pero lo aceptamos y nos rendimos. Tales rendiciones siempre han venido acompañadas de revolución, siempre ha habido violencia en la historia de las infinitas rendiciones. ¿Qué tan absurdo sería rendirse, en cambio, a la fé interior únicamente? Tal vez a un Creador, a un Dios muy particular que es molón, majo de cojones, muy buena gente y gran colega, de risas?

* * *

Mis amigos los científicos, a los que he dado siempre mi confianza y alianza contra un Creador, investigan desde la química. Pero por su naturaleza, se pierden los orígenes; entienden evoluciones y reacciones y mezclas de laboratorio, pero no llegan al origen. No pueden crear vida y una brizna de hierba es imposible de hacer. Creamos químicos con el cuerpo como el árbol crea oxígeno, pero no sabemos cómo: la fuerza de la vida sostiene un poder místico. ¿Cómo crecen mis uñas? A día de hoy, seguimos sin poder probar que la vida viene solo de la materia (y así, que Dios no hace falta). Ya quisiera yo que mis colegas crearan vida en un laboratorio, o que encontrásemos un marciano, ¡qué interesantes se pondrían nuestras vidas! Pero nanay: nuestra mente sigue siendo muy limitada, como la de la rana.

Érase una vez una rana en un estanquecito, que recibió la visita de un amigo que le habló del pacífico, nada menos.

-Ah, ¿qué es? ¿Cuán grande? 10 veces mi estanque, 20? Sigue leyendo

De lo profundo del intelecto (el amor)

Septiembre 2016

No cabe duda de que son grandes las teorías orientales expuestas sobre el condicionamiento humano a un inherente sufrimiento o insatisfacción que es notable en la inestabilidad global de hoy. Entendidas con esfuerzo, tampoco cabe duda de que son grandes verdades con un gran poder curativo para el atasco material que tenemos con los sentidos, y el hábito del deseo-placer-dolor.

Éstos, han sido años de desapego material a los objetos de placer; de contar con una mochila como única pertenencia; de no sufrir identificación con ninguna costumbre o tradición ni con ninguna estructura social o establecimiento político, por el mero carácter y espíritu nómadas de la experiencia, que evitan arraigo y apegos y promueven la opinión objetiva sobre las cosas; de perder todos los antiguos hábitos a placeres y deseos (y por tanto, dolores) de alcoholes, tabacos, estimulantes e intoxicantes en general, coca-colas, chocolates, helados y el etcétera que sobrepase aquello relacionado con la supervivencia básica -comida plana- bajo un propósito de economización de largo recorrido que podrá entenderse; finalmente, han sido años de continuada soledad, que es bien responsable de la conclusión de este escrito; recientemente llegué en dos ocasiones a una interesante realización que tiene tanto peso como para escribirla, aunque no diga nada nuevo que no sepamos.

El desarrollo del amor y la compasión por los demás, si es que queremos considerarlos cosas diferentes, se convierte en una misión pues son palabros universales que han sido objetivos en el viaje por su importancia y recurrente aparición en todas las esquinas sabias. Buscándolos sin encontrarlos en mí mismo, pues creo que los hemos perdido en algún lugar y a ver dónde diantres andan, he sentido algún destello como los siguientes. Sigue leyendo

dolor, placer, Calma: material attachment explained

Agosto 2016

Continuando con las verdades filosofales extraídas de los sabios indios, tal vez este sea el acercamiento más digerible que tengo sobre nuestro apego material y el extravío en nuestras vidas, a un nivel profundo pero revelador. Para los que quieren saber más sobre el dualismo placer-dolor y la cura del deseo.

* * *

Si creyésemos que tenemos alma.

Una porción espiritual y divina de nosotros; ¿qué le pasa? ¿A qué se debe la ignorancia y el sufrimiento mental y corporal que afectan a casi todos en el mundo?

En India dicen que el alma se ha identificado con el vehículo transitorio corporal y la inagotable mente, creando el ego, y siendo molestada contínuamente por los estados transitorios dualistas de pena (enfermedad, dolor…) y delícia (salud, placer…), igual que la madre se identifica con el placer y el dolor de su bebé. Esta identificación es la razón del sufrimiento, de la jaula del ego encerrado entre nacimiento y muerte, valorando un cuerpo y mente que no somos: no lo somos si creemos en nuestra alma, lo único que existe de verdad.

Por tal identificación, llegan tendencias: el deseo por realizarlas crea ‘querer’, y ‘querer’ produce dolor. Cuanto más querer, más dolor, porque más difícil es realizar todos los quereres, con lo que el deseo (o excitaciones de la mente) es la fuente del dolor o miseria.

Deseo no satisfecho -> dolor.
Deseo satisfecho -> placer que se obtiene de objetos exteriores, que desaparece con ellos (impermanencia de todo lo que nos rodea!!!) y revive por memoria, creando deseo de nuevo -> dolor.

Este placer tiene una parte de excitación (obtener lo deseado) y otra del pensamiento de que el dolor del querer que sentía ya no está. La conciencia del querer y su realización, mentalmente, precede a la conciencia del placer real sensual: es la mente la que crea el querer, es un error ver los objetos como fuentes del placer y remedios para obtenerlo en el futuro. Si lo fuesen, la misma comida o el mismo vestido siempre darían placer a todos en el mundo; tristemente, no es así. Sigue leyendo

Una religión universal

Septiembre 2016

Viajando por India se hace más insistente la necesidad de religión y yo hago ahínco en su universalidad. Es como un objetivo común a todo hombre. Lo que aquí se conoce como Ciencia de religión es ampliamente conocido por las gentes, son verdades a gritos extraídas por sadhus, rishis y genios de la observación y experimentación yógica. Lo poco que puedo juntar de las migas que quedan en mi cabeza tras conversaciones sobre el tópico o tras párrafos de libros de maestros que ya no están en el planeta, pero SON mis maestros, han de quedar en yomelargo.

Aprendo, de las escrituras y sin un gurú que me guíe, que no hay acción sin necesidad. Los humanos nos movemos por necesidad, motivos, deseos, y nuestras acciones vienen determinadas por una finalidad. Pero, ¿cuál es el objetivo final de nuestra existencia, la finalidad universal? Aparentemente lo que hacemos, sea bueno o malo, lo hacemos para la obtención de una satisfacción, felicidad, paz o bien permanente, y evitar el dolor; en cada acción obviamente tratamos de evitar el dolor y conseguir placer.

El aprendiz se inicia para convertirse en experto, para conseguir dinero, para satisfacer deseos, para poner fin a un ‘dolor’ (el dolor del deseo) y tener más placer o satisfacción. Todas las acciones llevan el fin de placer propio, que hoy confundimos con el verdadero objetivo final de la humanidad – la Calma interior y global, que no es lo mismo: la satisfacción es personal y egoísta, temporal; la Calma con mayúscula es obtenida cuando se desea para todos, tiene que ver con el amor y es permanente. Sigue leyendo