El final de yomelargo (por cierto)

Agosto 2016

¿Qué cosas llevan a un hombre a rendirse a una fé incierta? ¿Qué sucesos en su vida, qué límites ha de traspasar para admitir el cambio? ¿Cuánto ha de observar su planeta, a sí mismo y a sus hermanos en él, qué pequeños caracteres de su propia raza le hacen darse cuenta de una verdad absoluta? ¿Cuándo es mayor la necesidad de creer que el apego a los principios que uno tuvo, exactos, limpios, científicos?

¿Qué ciencia religiosa encaja de manera no muy ruidosa con mi nueva vida? ¿Qué me diferencia del hindú, del budista o del ateo, si no es el mero lugar de nacimiento? y entonces, ¿qué es la fé?

Hoy en día, y nadie puede negarlo, nos rendimos a algo: es otra característica humana, necesitamos algo superior que se encargue, tal vez no queremos responsabilidades. A la sociedad, al estado, al rey, al gobierno, pero lo aceptamos y nos rendimos. Tales rendiciones siempre han venido acompañadas de revolución, siempre ha habido violencia en la historia de las infinitas rendiciones. ¿Qué tan absurdo sería rendirse, en cambio, a la fé interior únicamente? Tal vez a un Creador, a un Dios muy particular que es molón, majo de cojones, muy buena gente y gran colega, de risas?

* * *

Mis amigos los científicos, a los que he dado siempre mi confianza y alianza contra un Creador, investigan desde la química. Pero por su naturaleza, se pierden los orígenes; entienden evoluciones y reacciones y mezclas de laboratorio, pero no llegan al origen. No pueden crear vida y una brizna de hierba es imposible de hacer. Creamos químicos con el cuerpo como el árbol crea oxígeno, pero no sabemos cómo: la fuerza de la vida sostiene un poder místico. ¿Cómo crecen mis uñas? A día de hoy, seguimos sin poder probar que la vida viene solo de la materia (y así, que Dios no hace falta). Ya quisiera yo que mis colegas crearan vida en un laboratorio, o que encontrásemos un marciano, ¡qué interesantes se pondrían nuestras vidas! Pero nanay: nuestra mente sigue siendo muy limitada, como la de la rana.

Érase una vez una rana en un estanquecito, que recibió la visita de un amigo que le habló del pacífico, nada menos.

-Ah, ¿qué es? ¿Cuán grande? 10 veces mi estanque, 20?

Aquella rana nunca iba a concebir la inmensidad y profundidades del océano: nuestras facultades, experiencias y poder de especulación siempre serán limitados -no somos infinitos- y no tener la humildad de reconocer esto era una carga para mí y nos vuelve instantáneamente inferiores e ignorantes: animales. Yo mismo he cambiado, en este viaje, mi mente drásticamente y ahora visualizo cosas abiertamente -nótese en estos párrafos- que antes, desde mi estanque, sólo me daban risa: pensaba relativamente a mi charco. Muchas cosas inexplicables hace 1000 años ya no lo son, y cosas ahora misteriosas pueden ser legítimamente inteligibles en unos pocos años. Explícale a tu abuela skype en un móvil 4g a bajo nivel.

La comunión íntima y prolongada con la naturaleza que me llamó hace tiempo y fue siempre mi única religión, revela muchos de sus secretos conforme nuestra mente está preparada, y fomenta una inevitable reverencia espiritual. Demasiada belleza y perfección, suelo decir: cuando estoy solo con Ella todo es puro y me siento cerca de lo divino. Tal vez la llamada era divina; al fin y al cabo, ¿no son lo mismo?

Así, los científicos pueden estimar la verdad absoluta con instrumentos, con sus sentidos imperfectos, mentes imperfectas y limitadísimas, utilizando inducción. Que no concibamos algo no significa que no exista, queremos entender por percepción sensorial directa, parcial, de estanque, como no podemos probar que todos los hombres son mortales, pero lo intuímos, fijamos la regla. O explicamos el árbol y su semilla observando la del último fruto, sin preguntarnos sobre la primera semilla del primer árbol.

Hay insectos que nacen de noche, crecen de noche, procrean de noche y mueren de noche. Nunca ven el sol, y concluyen que no hay sol, ni día. Que qué es eso. Les preguntas y dicen que la mañana no puede existir. No podemos creer ciertas cosas, como las hormigas no creen lo que vivimos nosotros: ¡milenios para ellas!

Dicho de otra forma, la ley de la gravitación universal funcionaba igualmente antes y después de Newton. Tenemos una relación de ‘negocios’ con las leyes, las medimos en valores ridículos humanos, sin conocer su origen. Ay!, Darwin, querido, si levantases cabeza: la sopa cósmica y tu evolución necesitan pruebas.

Es posible que me recuerde a mí mismo hace años escuchando a alguien hablarme de la fé o actitud devocional. Embelesado con mi visión científica, con respeto o a veces sin él, descartaba sus conceptos y, equivocadamente, poniéndome al nivel inferior mencionado, podría hasta considerar ignorante a esta persona por no reconocer como máxima la importancia del progreso, de la tecnología, de los avances en química, de la informática, que al final es mi profesión… de la Ciencia, en una palabra. Pero hoy, ¿de qué nos sirve demostrar que podemos poner un pie en Marte (con el mundo de poder, control, competencia y orgullo que hay detrás) si no es para encontrar allí, quizás, una respuesta a la única verdad absoluta que, en el fondo, todos perseguimos? La maravillosa escuela de la investigación deberá tener este fin, el fin de la evolución de la espiritualidad universal o al menos de responder a nuestras preguntas trascendentales. Ahí es que encontré la fusión del progreso y religión, en un fructuoso estudio científico del camino espiritual hacia la verdadera comprensión necesitada… ¿Dónde vamos? … aún desde la oscuridad nocturna del insecto que nunca ha visto el sol.

Hablando de la única verdad absoluta me viene a la mente la palabra Rigpa, una palabra que aprendo recientemente del Tibetano y que significa ´la naturaleza más secreta y esencial del espíritu´: una clave para comprender vida y muerte. El enfoque sobre la muerte de aquel pueblo hoy es punto de encuentro con la ciencia contemporánea. Tiene la asunción de la impermanencia y de algo que da luz a la vida espiritual aquí como es la reencarnación, y ha sido tan revelador que también ha tenido un gran impacto en mi camino. Curiosamente lo mismo que mencionaba la primera frase de este blog, los lamas se esfuerzan en que en el momento final de nuestra vida no tengamos la impresión de que la hemos desperdiciado, cuestionando cuántos comienzan a apreciar sus vidas en Occidente cuando se les acaban o cómo sería el mundo si le diésemos a la existencia (incluída la muerte) un sentido sagrado y pudiésemos descubrir el patrimonio de nuestra dimensión interior y vivir felizmente tal misterio durante la vida, y más allá.

* * *

Con la tradición hindú aprendo que el Hombre viene a esta Tierra a aprender, mejor en cada vida, las formas infinitas en que el Espíritu se expresa sobre las condiciones materiales. Este y Oeste aprenden esta gran verdad de diferentes maneras pero deberían compartir su progreso más allá de la tecnología. La utopía de la religión universal ha de surgir en cada hombre antes de florecer en nuestra virtud cívica: La reforma interior es la primera, cullons. Aquel que se reforma a sí mismo puede reformar a miles (creo que esto lo decía Ghandi, otro que hay que agarrar a parte).

La mayoría de los hombres no nos topamos con los irresistibles poderes de devoción que algunos santos y sadhus poseen sin esfuerzo en todas las religiones. Pero todos tenemos la posibilidad de empezar, y es más importante un método científico (me refiero al yoga) que el simple fervor devocional, que está fuera del alcance del rango emocional de la mayoría, incluído yo. Así que con ésto, unos preceptos morales y la capacidad de llorar un día de pronto, diciendo: ‘Dios, qué andas? Qué hostias!!’ – hala, a correr: todos podemos ser espirituales. Simplemente, la vida se pone mucho más interesante.

Habiendo dicho semejantes barbaridades y llegados a este punto, el lector de las aventuras y peripecias de yomelargo entenderá que la aventura más grande, la espiritual, no es tan compatible con ordenadorcitos, sonidos y fotitos, que me alejan materialmente de mi camino y mantienen mi ego demasiado despierto, cerca.

Como decía al principio, no se qué hace falta para cambiar el camino espiritual de un hombre, pero a mi me ha bastado con las enseñanzas del camino y unos recientes sucesos extraordinarios en él: he sentido durante estos años señales que apuntaban a India -incluso en sueños- y nada más llegar al país, llorado compulsivamente 3 veces en lugares sagrados a moco tendido en un espacio de unas dos semanas, cuando llevaba muchos años sin llorar o sentir, y ya había pedido desesperadamente explicaciones a Dios por ello. Y ojo, que no era llorar como el turista frágil que no soporta la tristeza que le rodea y quiere volver a su nidito de perfección. No.

La tercera vez fue también en el templo principal de ISKCON Mayapur, junto al Ganges de Bengala, después de hablar con otro discípulo directo de Prabhupada con el que, fíjate, un devoto casual me había sugerido dialogar para experimentar su pureza. Él también vagabundeó el mundo hasta encontrarse con Prabhupada, su maestro y gurú. Aquello llegó tras la conversación, como una tormenta que no pude evitar, de nuevo sin saber por qué, pero me encantaba y lo consideré una diminuta realización. Fueron otros 20 o 30 minutos de luz interior, de ligereza física absoluta en una esquina del templo yo solo; durante ese estado de presencia experimenté algo que después se iba lentamente, recuerdo exactamente cómo me abandonaba despacio y volvía a sumergirme en el mar de preocupaciones y ansiedades de la vida ordinaria. Tras ello, escribí:

“En el estado normal, nos absorbe el ego, el pensamiento y una ligera o pesada capa de miseria: es así. En estado de comprensión, realización o conexión eso no existe, es un pequeño éxtasis de corta duración”.

Con el buen sabor de boca que tenía, establecía al escribir que quería más, y que caminaría hacia tal misterio en esta misma vida. Dentro de aquel estado pude hasta ver encadenados y obvios, de nuevo, los eventos que fueron necesarios para que yo me topase con aquel hombre en aquel momento y todo ocurriese, como preparado por unas manos que creo que nunca me han dejado desde que yo dejé mi casa.

Otras cosas extraordinarias que estas manos organizaron y me hicieron reír fueron que mi cámara muriese extrañamente en el último buceo de Indonesia, el robo de mi grabadora en un templo de Birmania y el pete de mi gastado netbook por humedad cuando me lo guardaron durante el retiro budista en el mismo país: todo esto justo antes de llegar a India!

¡Por Júpiter, qué cantidad de peso digital! Y laboral, y preocupacional. La naturaleza de la mente es hacer esenciales cosas que no lo son: cargamos con cosas que parecen necesarias, como el apego a un blog, o a las fotos. Solo cuando nos liberamos de ellas y vemos que estamos igual de bien, entendemos lo artificial de su necesidad. Viendo que obviamente ni quería ni podía reemplazar equipo por presupuesto (y por lo otro), saqué archivos del pc -una vez más gracias a la bendita partición linux- y lo doné. Tras la inicial morriña material sin mis aparatos y con lo que ello significaba para el blog, hoy en día soy más que nunca el viajero que quería ser: el único viajero real que creo que existe y de los que he conocido muy pocos: el que no lleva ni un gramo de silicio ni bytes en el macuto, sino ropa, refugio, cocina y libros. El que no ha de preguntar por wifis por todas partes con cara de orco cuando se va internet, el que no debe nada a patrocinadores ni redactores ni a páginas de facebook ni fans ni grupos, el que vive sin móvil ni reloj y se entera de las cosas cada 2 o 3 semanas en un cyber -ayer tenía 26 emails-. Qué ricura, que manía con los blogs, en buena hora.

Cada vez me costaba más escribir y a veces me agobiaba con poner al día, es obvio que se vive mucho más de lo que puede contarse. Y no me arrepiento: es una joya que tengo de recuerdos y momentos que nunca habría escrito ni recordado de otro modo. Ni es el final del viaje! Me quedan muchas millas por tierra hasta casa y un camino de Santiago invernal en 2017. Sigo escribiendo en mi diario y cuando tenga las ganas podré pasar al blog cosas nutritivas para el alma o épicas aventuras que tengo ya escritas de los últimos meses.

Curiosamente, tengo la feliz impresión de que otro viaje no ha hecho más que empezar y de que me quedan muchas más millas no precisamente por tierra hasta Casa, esta mayúscula marcando una Casa que no es necesariamente la de mi tierra material sino otra que todos procuramos, bastante inconscientemente, a lo largo de nuestras vidas.

Así es como pasan las cosas, vaya vaya. Si alguna vez digerí las enseñanzas antimaterialistas del Este fue Ahora, y si no las aplico Ahora, ¿cuándo? Quisiera seguir intentando absorber el conocimiento y la magia de Oriente o los Himalayas, los meses que me quedan aquí han de ser tan intensos como los primeros y creo que con esto me preparo para ello. El viaje ya no es compatible con el blog. Cuánto he hablado del ego y las posesiones materiales, y cuánto hay de ello también en internet, blogs y redes.

Mi caverna de retiro asceta en los Himalayas ha sido el viaje en sí de yomelargo, y merece una buena despedida. Ha sido un rincón donde ponerme a prueba en busca de la Verdad y el sentido de la Vida mientras intentaba desbanalizar cada uno de mis días. Contínuamente cambiando de techo, caverna nómada durante años, pero igualmente un refugio donde observar y escapar de manera contínua y sin interrupciones de las variadas influencias exteriores y materiales, de presiones y ansiedades, de la vorágine.

Tengo la esperanza de haber dado buenos viajes mentales y belleza natural a muchos y muchas, tanto mejor si fue con lo profundo de los sonidos, y más importante, de haber ayudado humildemente con lo que me han parecido buenas verdades en sabiduría y espiritualidad a los que las anden buscando. Y en el peor de los casos,
¿y la de geografía que hemos aprendido todos con yomelargo?

Más ignorante que nunca, creo llevar de vuelta sólo una ligera impresión de que la Tierra es redonda, o eso me ha parecido: más allá de ésto, no me preguntéis.

8 pensamientos en “El final de yomelargo (por cierto)

  1. Sé que tendremos esa charla que nos quedó pendiente en Benarés muy pronto. Han sido muy inspiradoras tus palabras.
    pd: Ojalá hayas soportado el peso de la guía hasta Delhi ahah.
    ¡Abrazo!

  2. Querido dani, hoy nos acordamos del viaje que emprendiste hace 4 años. Justo me llegaba al pensamiento, después de tanto años, ¿se habrá desapego al fin de su blog? ja ja

    Qué gusto leerte, es una delicia, no puedo imaginar ni siquiera todo lo que has vivido y aprendido.
    Que tu viaje a Casa, siga siendo el de tu corazón, aquél que ya has encontrado, dentro.
    Metta

    • Gracias familia.
      100 viajes entre Itaca y Troya podría hacer buscando verdades si estuviese ciego del corazón, sin encontrar la única que me salva, la que quema en el pecho y la que borra los deseos no virtuosos, como ese apego.
      Espero que uno baste para entender el tesoro de la vida, ella misma, el camino.

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