Durmiendo en fales

Bitácora pacífico, día 119
04 octubre 2015

De la casucha que ‘okupo’ en Samoa me voy a veces a hacer expediciones por la isla con prácticamente nada encima, quedándome a dormir en fales o en mi hamaca. Es fácil entrar en la casa así que escondo mis cosas de valor debajo de una bañera que hay en una esquina. He encontrado varias cosas interesantes en la isla:

He ido a un remoto lago que se llama Lanoto, un cráter volcánico. Es una excursión de una o dos horas por selva hasta allí, donde estuve solo y de pronto llovió mágicamente. Las aguas estaban llenas de peces y eran oscuras, lo que me dio un extraño miedo que no me dejó nadar más de 3 minutos. Pero la calma de la fina lluvia emborronando la superficie y el sonido del lugar están en mis recuerdos.

Al volver pedí que me dejaran cerca de una casa en un árbol de la que había oído hablar.

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Atacama

Enero 2015

Entre el pacífico y los Andes se extiende el enorme desierto de Atacama, el lugar más seco del mundo. Se han registrado periodos de 400 años sin llover y una lluvia medible (1mm) ocurre cada 15 a 40 años. Sus temperaturas pueden caer hasta -25º en las noches y subir hasta los 50º con el sol. Es el lugar donde he visto más tornados repentinos azotando todo a su paso y donde he visto las mejores estrellas, pues es de los mejores lugares del mundo por la altitud y la escasa nubosidad, humedad y contaminación lumínica. El mayor proyecto astronómico del mundo está a pocos kilómetros de San Pedro de Atacama: los ojos de la Tierra.

Llegué con mi suerte a San Pedro, un oasis arbolado en el desierto con casas de adobe y calles de película, y me asusté con los precios -venía de Bolivia- y con el montón de gringos -empezaba Enero-. Así que pregunté a una mujer en la calle y por ella acabé en una pequeña pero espectacular casa a las afueras con una familia de chilena y alemán, y sus dos hijos. Me acogieron unas 4 noches y todo fue como estar en familia a mi llegada: hacíamos excursiones, jugábamos. Allí vivía otro curioso alemán de aspecto descuidado y de sonrisa bonachona con muchos viajes y locuras a las espaldas. Cuidaba dos magníficos caballos -de esos que hay por aqui- y los sacaba a pasear. Una mañana fui con él por casualidad y disfruté de horas de excursión charlando con este hombre en semejante entorno, con el caballo más bonito que monté jamás y con el que más conecté: nunca había galopado tanto. Sonreía cabrón con mi suerte atacameña, sabiendo lo que paga un turista por una hora de caballo, todo llegaba fortuitamente.

Genial plaza de San Pedro. Vocán Licancabur siempre presente.

Genial plaza de San Pedro. Volcán Licancabur siempre presente.


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Por esta familia conocí a Betty, española residente en Chile que me permitió colocar mi hamaca unas noches en lugares de su finquita a las afueras. El terrible calor del día se transformaba con la oscuridad en un frío que me abrazaba al estar colgado pero que no me mataba. Junto a su perro, ella y nuestras largas conversaciones existenciales, empecé a conocer los espectaculares rincones desérticos y rocosos de los alrededores.

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Navidades de Uyuni

Varios días transcurrieron en Uyuni mientras preparaba mis navidades. Hay ciertas fechas en el viaje que uno no quiere que pasen inadvertidas o indiferentemente, como nochebuena, nochevieja, un cumpleaños o los cabos de año desde que partí. Han de recordarse siempre.

Quizás sea por la gran extensión blanca y aparentemente navideña que puede ser un desierto de la categoría del de Uyuni; quizás inconscientemente escogí este lugar para estas navidades por eso. A veces no distinguía entre el pisar crujiente del hielo europeo y el de aquella dura sal.

En un lugar tan inverosímil como este desierto, cualquiera quiere acabar año o empezar vida nueva. Con el sabor a menudo distante de la sociedad boliviana como base, la soledad se engrandece y desde ella, se abre hacia el infinito un espacio salado y demasiado brillante en las retinas que reitera silencio, soledad y hasta locura. En mi primera entrada a él, camino por una vía con raíles de dudoso paralelismo hasta un cementerio de trenes que copa esa sensación de incertidumbre entre lo agradable y desagradable. En tal lugar no sólo mueren trenes sino perros de vida cruel.

Sin embargo, es la luz del momento del día escogido -la puesta de sol- y su dorado haz la que dispara un sinfín de matices óxidos y ferruginosos en locomotoras de vapor sobre la arena infinita que harían las delicias de cualquier fotógrafo. Uyuni es único y tiene equipo para demostrarlo.


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Sumaj Orcko

El inca Huayna Cápac, rey del Perú, ordenó que unos indios exploraran las vetas del imponente y por aquel entonces precioso Cerro Rico (Sumaj Orcko en quechua) allá por el siglo XV. Cuentan que al comenzar a hacerlo, se estremeció la montaña con un gran estruendo (potocsí en aymara) y una gran voz sonó diciendo: «Pachacamac janac pachapac guaccaichan», “No saquéis la plata de este Cerro, porque es para otros dueños”. Vaya.

Faltaban 83 años para la llegada de los españoles y el cerro mineral más rico y famoso del mundo ya tenía nombre y dueño. Sea verdad o no, esta riqueza acabó en manos del emperador Carlos V, aun no siendo desconocida por los indios. Estos habrían descubierto el poder argentífero de la montaña, según otra leyenda que escuché en la casa de la Moneda de Potosí, porque uno de ellos hizo un gran fuego una noche y por la mañana vió un hilo de plata correr al lado.

Hoy en día Potosí tiene otra forma, es más achatado, tiene muchos colores bonitos y una gran ciudad en las faldas. Le queda plata, pero hoy se saca más estaño y zinc. Debe ser como un queso, y me pregunto cuánto aguantará sin colapsar. Las realidades y leyendas mineras asociadas a la fiebre occidental por el mineral monetario no solo son ciertas sino que siguen ocurriendo, como pude comprobar.

Wikipedia


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Ser tú

Septiembre 2014

Fue en la cueva y catarata del sol naciente, dentro del parque nacional de Tingo María, antes de perderme la única vez que me he perdido de verdad y sin querer en este viaje, que tuve una revelación.

Intenté meditar un poco después de bañarme, y el pensamiento vino así de golpe como un chasquido. Estaba muy claro, pero ahora solo recuerdo que pensaba que buscar ser alguien en todo momento es estúpido. Siempre lo hacemos. Imitar, ver caracteres que nos gustan en otras personas. Es imposible ser otra persona y punto. Solo podemos ser nosotros mismos, pero es que de hecho esa es la magia de la vida, uno de los secretos, o más bien un gran misterio de la vida que disfrutar: dedicarnos a explorar a la única persona que podemos descubrir sin secretos, a la única persona que está abierta y disponible para entender en el camino propio del entendimiento, y ser esa persona. Nosotros mismos. La única persona incógnita y con interrogante del mundo, que está abierta y disponible.

Las demás personas están cerradas, lejanas, secretas, bloqueadas: no podemos entrar en ellas!

Sé tu mismo y nadie más: los demás ya están pillados.

Debemos dejarnos ser y descubrir. Sorprendernos con nosotros mismos en el presente, cada día, siempre. Así que decidí sonreír y flipar conmigo mismo y mis sorpresas para siempre, y seguí caminando.

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(Continúa)

El mundo perdido

Finales abril 2014

Una brava mujer europea y yo habíamos llegado al mundo perdido.
Intercambiamos monosílabos y exclamaciones mientras avanzábamos despacio, pidiendo permiso con cada paso, no sólo al frente sino también bajo nuestros pies; había vida extraña por todas partes… y a la vez por ningún sitio.

Definitivamente, no es fácil describir Roraima.

Grandes peñascos negros se manifestaban a los lados, dejando pasillos por donde pasar, cruzándonos con una nube que se filtra por ellos y, según avanza, cambiando su densidad a más blanco y no ver a tres pasos, o a más abierto y ver a treinta.

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El primer organismo vivo que me llama la atención (pocos pueden sobrevivir en este ambiente hostil) es una ranita frágil y negra, diminuta, que es la protagonista de este lugar… Antigua y siempre aquí (200 millones años) es una forma de melanismo para protegerse del sol y mimetizarse, pues no salta: se arrastra.

Perdí a esa mujer. El instinto me llevó a otro lado, buscando mis primera vistas desde la cima. Era imposible: las nubes pasaban rápido a través de uno, cerrando y ampliando el círculo de visión alrededor en pequeñas distancias. Las nubes, definitivamente, tienen prisa.
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Larga vida a mis chicas

19 octubre 2013

Palpé mi bolsillo y no estaba. Mi cámara, después de que se saliera de mi bañador cuando me tiraba por uno de esos toboganes en las cuevas de Semuc Champey, se posó en el fondo de aguas neeeegras por la oscuridad. Volví al lugar donde la tuve en la mano por última vez, repitiéndome que la encontraría, empecé a bucear en pozas ante la sorprendida y negativa mirada de los demás, y tras unas inmersiones, a unos 3 metros de profundidad, sin mas luz que la de velas, buceando a oscuras y palpando el suelo arenoso, la encontré, o me encontró.

Ya estaba asumiendo que no volvería y grité de alegría… visualicé su importancia en mi camino.

La fuerte naturaleza del río de Semuc Champey, más tarde ése día, me arrebató 3 pertenencias como un cuarzo que colgaba de mi cuello y lava volcánica de Pacaya en mi muñeca. Estaba claro que le debía algo y tomó lo que era suyo, pero no mi cámara.

También acabo de recuperar la grabadora de una fuga de electrolito en las baterías que la dejó ko.

Todas han superado la época de lluvias -o casi-.

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Porque sin ellas ésto no sería posible, por lo importantes que son para registrar esta aventura hacia el futuro, por esas imágenes, por darle a este proyecto la gracia de los sonidos…

…les dedico este post: Larga vida a las chicas!

Semuc Champey

17 octubre 2013

El lugar para pernoctar mientras visitábamos el mágico rincón fluvial de Semuc Champey fue el pueblo indígena de Lanquín; Una casa con techo de palapa exageradamente inclinado en mitad de un valle que estaba muy bien elegido. Amplias vistas al este y oeste, un río ligeramente rápido en lo más profundo que llenaba con su rumor las noches, y también con una neblina muy húmeda que a veces difuminaba la luna creando un paisaje dantesco Tim Burton. Y lomas verdes pinteadas a veces, de día, por unas finas lluvias que regalaron en una ocasión estampas tan ridículas como ésta:

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