El paraíso de Rebeca

31 julio 2014, Amazonas Brasil

Serían las 7am cuando, en una nueva mañana en este paraíso en la que precisamente deseaba despertar bien temprano, un macaco aullador hizo las delicias de sus cantos a pocos metros de nuestra tienda, colocada en un balcón de una casa abandonada y semi-inundada por las altas aguas del lago Miuá, uno de los miles de enormes lagos que acompañan al Amazonas de Brasil. Sus aguas son oscuras pero limpias, antes de mezclarse con las marrones del río más impresionante del mundo.

Estábamos, en realidad, en el medio de la nada; por una vez más el destino o la pachamama o los dioses en los que quiera creer cada uno, nos regalaban otro nidito para soñar con altas felicidades y dar rienda suelta a todos nuestros objetivos, aventureros, pasionales; a nuestros sueños. Lua, mi compañera brasileira, escucha atentamente al mono mientras un manto nocturno de niebla sobre el lago se va evaporando.

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El paraíso de Rebeca, pone en un cartel roto que también está inundado. Una preciosa casa de madera abandonada con ese balcón al lago, al agua, y un estructura flotante, cuadrada, de la que descienden escalones de madera hasta el nivel del agua exacto, para baños preciosos. Una mesa grande para cocinar bajo el techito y enganches para las hamacas. El paraíso de Rebeca es realmente el paraíso de nuestro Ahora.

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El sol no ha salido pero es la hora que quería, la hora de los reflejos, esa hora en que un enorme lago aún duerme y ni una pequeña arruga se atreve a formarse en su superficie; preparo las cosas y desembarco la canoa, que he conseguido con insistencia de un pueblo flotante cercano. Lua también viene. Ni siquiera nuestros movimientos y nuestro remo consiguen romperla, las ondas rebotan en la calma, y desaparecen.

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El macaco calló; en su lugar muchas aves estrambóticas rellenan el silencio o surgen de él. Ese silencio es único de la mañana y hace juego con la calma infinita del lago amazónico. Dejamos nuestro hogar, que desde la canoa se ve dichoso.

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Esperamos al sol. No hay nubes aún, el sol llega, está grande y rojo… no hay mucho que comentar al astro. Sube rápido, el naranja se cambia por amarillo y empiezo a notar su calor en mi piel, y el de su reflejo, que me hace relajar la cara, cerrar los ojos, y medio mearme de gusto.

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Quiero mucho de ésto:
hoy, y en la vida.

Dejo a Lua en casa y continúo sin parar: he visto lugares desde el medio del lago que me han llamado a gritos. Remo con toda la calma que puedo, imitando a los pescadores locales, a los sabios, a los que he visto mil veces cortar las aguas:
dos paladas por cada lado, y paro.

Avanzo despacio, mantengo rumbo, busco sombra y soledad.

Cuando los lugares tienen mucho que ver, paro, pierdo el rumbo, no importa, galleta.

Todas estas aguas que afluyen al Amazonas a pocos metros de aquí, son famosas por sus pirañas y cocodrilos, cobras y anacondas: para mí son la mejor aliada, quisiera desmentir tal mito. Dulce y tinta, no deja ver mucho, pero me respeta y lo sé. Sólo he visto, en aguas profundas, graciosos delfines rosas que respiran en la superficie y curiosean mi presencia. Ahora, entrando en floresta, floto a X metros sobre un lecho que quizás, cuando las aguas bajen, será descubierto y caminado. Sólo veo las mitades superiores de los árboles, y su reflejo perfecto, simetría de mi vida.

En algún momento un motor demasiado cercano me muestra un «truco» de las hojas y del bosque, un atajo para la barca pero para mí una entrada entre las ramas para sentir por dentro el milagro del Amazonas. Las personas a bordo, aunque lejanas, me hacen recordar mi desnudez completa, hasta ahora imperceptible por el letargo de mi ego. Una desnudez de varios días que dejo continuar, natural como mi entorno.

Sigo la estela espumosa del motor y entro en los bosques inundados profundos, qué placer! Esquivo ramas y la luz se hace en el fondo, llego a nuevos espacios perdidos y que invocan fantasía.

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De pronto, como matinalmente toca, necesito vaciar literalmente mi recto, perdonen la expresión, así que me cuelo entre los árboles hasta que veo uno perfecto, que me sostiene sentado en sus ramas mientras eso. Es difícil escoger un lugar, todo es agua. Pero todo muy natural mire.

Algunos pececillos pasean en el trecho superior del agua, el que es visible a mis ojos, entre las ramas inundadas del árbol cuyas ramas no inundadas me sostienen. El aire y el agua, nunca los ví tan magníficamente ligados: ¡Qué acuario infinito tan maravilloso tengo debajo!! Siempre quise ser un pájaro, pero ahora quiero ser un pez.

Después de asearme y bañarme, haciendo un poco el indio entre las ramas, observo mi maravillosa y diminuta canoa, atada a una rama por si las risas. Mi hoja de nenúfar para desplazarme por el bosque inundado. Me veo reflejado en el agua, sonrío, soy un humano sano y perfecto, y me digo que estoy haciendo cosas soñadas. «Lo estoy haciendo», suena mi voz extraña y ajena en el silencio.

En realidad mi desnudez reflejada me hace sentir indígena, parte del bosque, noto que lo soy. Me acuerdo del Bosque Esmeralda, y me escondo cuando oigo varias lanchas a motor pasar cerca; es fácil esconderse del hombre blanco, pienso. Sólo miran hacia adelante…

Quizás tenga hermanos indígenas ocultos por aquí cerca? Ojalá.

En realidad soy parte del bosque, o un humano perfecto, sólamente porque hablo con los árboles antes de irme; con los peces disculpándome; con una nube de mosquitos que sorprendo aislada en torno a una hoja grande, iluminados por un rayo de sol; con una araña que vive ahí justo donde yo he parado por mis necesidades; y los amo a todos tanto, que se lo digo, les digo que me parece maravilloso que en cualquier lugar de los bosques inundados donde un humano decide cagar, haya tanta vida y buen rollo, sea tan bonito que quisiera quedarme a vivir con ellos. Allí mismo.

Miro bien las copas de los árboles por si permiten vida humana en un momento de locura, y después miro a mi canoa.

Me voy, pero por favor,
no dejéis que el hombre blanco os corte u os estropee, no dejéis que acabe con ésto.
Uníos contra él: nosotros no somos capaces de pararnos a nosotros mismos.

Si tiene que ser el hombre o vosotros, estoy dispuesto a morir por ello.

Si tiene que ser el hombre o vosotros, por favor, que seáis vosotros.

Un pensamiento en “El paraíso de Rebeca

  1. Incrível Cheiro!!! Belíssima descrição do nosso lugar, me encanta o teu amor e respeito pela natureza e pela vida. Meu companheiro espanhol, as fotos ficaram estupendas e o lago Miuá é muito especial.

    Mi hombre guapo, mucho hermoso.

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